Este pasaje cierra una sección de enseñanza que resume lo que significa para el cristiano guardar la ley y los profetas y tener una justicia que supera la de los escribas y los fariseos. La oración cristiana no consiste en mencionar una petición y esperar una respuesta inmediata. Más bien es un modo de vivir, una práctica constante que cultiva el cristiano. La enseñanza de pedir, buscar, y tocar, es una promesa. La promesa está arraigada en la relación del Padre celestial con sus hijos.